sábado, 26 de enero de 2013




DERECHO A LA DIVERSIDAD EN CULTURAS JUVENILES URBANAS





Una ola de violencia invisible empieza a sacudir las ciudades ecuatorianas; se manifiesta en diversas formas de agresión a culturas juveniles urbanas: grupos violentos atacan a “sus enemigos”, lo hacen bajo el amparo ideológico de consignas extrañas a nuestro convivir y cobijados en la incapacidad de investigación y sanción del Estado. Una de estas formas de violencia es auspiciada por grupos neo fascistas. INREDH ha levantado 17 denuncias de agresiones de los denominados “Skin Heads” a integrantes de otros grupos juveniles identificados como transgresores del status quo. Estos ataques, aprovechando la superioridad numérica y la sorpresa, han causado heridas, golpes, acuchillamientos y hasta amputaciones en decenas de jóvenes ecuatorianos que han sido atacados por el solo hecho de pensar, ser, vestir y sentirse diferentes. La agresión más comentada por los medios de comunicación fue la de Cora Cadena, rockera y conductora del programa radial “Jatarishun”, de Radio La Luna. Pero la violencia contra las identidades juveniles no sólo se da en la calle, también la encontramos en los establecimientos educativos, en la imposición de seudo valores amparados en equivocados criterios de autoridad y disciplina: son comunes los castigos a jóvenes que usan distintivos de sus culturas o invocan principios de vida que, si bien están garantizados en la Constitución del Ecuador, no son aceptados por las autoridades docentes. Uno de estos casos es la de Andrea Alvarado, alumna y Presidenta del Consejo Estudiantil del colegio Alfonso Del Hierro – La Salle, en Quito, quien, aduciendo razones de objeción de conciencia, se negó a jurar la bandera, acto que ha sido catalogado de antipatriota y que le ha costado, como castigo, el no poder graduarse de bachiller. Las nuevas identidades juveniles cuestionan el fracaso del sistema económico y político vigente, buscan un espacio más solidario y equitativo, de ahí su vinculación con procesos de cambio social y su solidaridad permanente con las diversas luchas emprendidas por los movimientos sociales; irónicamente, es esta identificación la que les ha vuelto vulnerables frente al poder, expresado en algunas formas de educación, o la intolerancia, expresada en la agresión física. Los derechos de estos jóvenes, en especial de aquellos que fluctúan entre los 15 y 18 años de edad, están garantizados en la Constitución del Ecuador y en el Nuevo Código de la Niñez y Adolescencia, sin embargo su desconocimiento es general, incluso en los círculos de docentes, especialmente en sectores de la educación pública; de ahí la necesidad de trabajar, en forma conjunta, con los jóvenes y sus maestros, buscando alternativas entre la disciplina necesaria inherente al proceso educativo y el respeto a los derechos de los jóvenes; luego canalizar este debate hacia la opinión pública a través de procesos masivos de comunicación. Para el efecto, se trabajará con las redes de culturas juveniles urbanas de las ciudades de Quito, Guayaquil y Riobamba, y con los colegios a los que están integrados estos jóvenes, siendo la base de acción los jóvenes del colectivo Quitu Raymi, el Colectivo Al Sur del Cielo, la Comunidad Hip Hop del Ecuador y otros colectivos de jóvenes punkeros y rockeros; a ellos se sumará la Red de Consejos Estudiantiles de las tres ciudades y los maestros de los colegios en los que estudian los jóvenes. Se proyecta trabajar con 25 colegios y 12 comunidades juveniles que representan a las principales culturas urbanas, incluidas las principales bandas musicales. Se ha escogido las ciudades mencionadas por la existencia de varios grupos juveniles y por el mayor índice de expresiones de violencia. En el país se ha trabajo los derechos de los niñas, niñas y adolescentes desde diversas perspectivas, fundamentalmente encaminadas a la protección de su vulnerabilidad; muy poco se ha trabajado los derechos de este mismo estrato social, pero vinculado a otras formas de organización social; al contrario, se tiene ciertos prejuicios con esos grupos, pues se teme acercárseles porque se los considera violentos o partícipes de una serie de actividades que el status quo condena. Esta propuesta responde a la convocatoria abierta realizada por la Comisión Europea para la presentación de iniciativas de protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, en especial a quienes se encuentran en grupos vulnerables, pues ésta apunta a prevenir la violencia y reconocer los derechos de estas culturas juveniles, dotando de elementos, tanto a éstos, como a otros sectores sociales con los que se relacionan, que permitan un convivir armónico, su reconocimiento mutuo y la erradicación de la discriminación.




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